Dos
momentos de la película…
Capítulo
1 – Un animal nacido para vender (00:00:00 – hasta los títulos de
crédito)
DEPENDIENTE
-
Perdón ¿qué desea?
COMPRADOR
-
Nada, estoy mirando
DEPENDIENTE
-
Estos trajes están muy rebajados, aunque son de última moda.
COMPRADOR
-
No quiero trajes.
DEPENDIENTE
-
Lo digo porque como los está mirando…
COMPRADOR
-
Los miro porque me da la gana. ¿Algún problema?
DEPENDIENTE
-
Y ¿un jersey? ¿quiere usted un jersey?
COMPRADOR
-
Pero si aquí no hay jerseys. Aquí sólo hay trajes.
DEPENDIENTE
-
Bueno pero…
COMPRADOR
-
Cállate. A ver. Este. ¿Qué vale?
DEPENDIENTE
-
Éste está en oferta.
COMPRADOR
-
Eso ya lo ha dicho.
DEPENDIENTE
-
Es que es una ganga.
COMPRADOR
-
¿Una ganga? Si esto está carísimo. Esto está a mitad de precio en la
tienda de al lado.
DEPENDIENTE
-
Bueno pues serán peores, vamos, digo yo.
FORMADOR
-
¡Mal! ¡Mal! ¡Muy mal! No te agaches a recogerlo por Dios. Y nunca dudes.
Si hay otros a mitad de precio, son peores. Tú lo sabes. El lo sabe.
Hasta un niño lo sabe.
DEPENDIENTE
-
Claro, es que…
FORMADOR
-
EsqueEsqueEsque… lo que pasa es que el cliente te acojona.
DEPENDIENTE
-
No, no me acojona.
FORMADOR
-
Te acojona ¡coño! Nunca debes perder la iniciativa. Te has equivocado en
todo. ¡A ver! ¿Quién sabe cuáles son los errores?
UN
PARTICIPANTE -
¿Lleva la ropa mal planchada?
OTRO
PARTICIPANTE - ¿Asusta al cliente al
preguntarle qué quiere?
FORMADOR
-
Exacto. Jamás preguntéis qué quiere. Preguntad “¿puedo ayudarle en
algo?” o “¿está usted atendido?” Pero por Dios “¿qué quiere?”
es estúpido. Además, ha discutido con el cliente. Le ha llevado la
contraria. Es la regla número uno. El cliente siempre tiene la razón. ¡Lo
saben hasta los niños! Por no hablar de ponerse de rodillas, perdiendo
toda la autoridad y sobre todo utilizar la horrorosa palabra “ganga”.
Total: 0 sobre 100. Muchachos, vuestra máxima puntuación es de 12.
Tenemos mucho trabajo por delante.
UN
TERCER PARTICIPANTE - ¿Hay alguien que haya sacado los cien puntos
alguna vez?
FORMADOR
-
Sí, una vez. Era perfecto. Consiguió convencernos de que compráramos
realmente la ropa. Yo me llevé a casa una camiseta de baloncesto y odio
el baloncesto : la tengo enmarcada en mi cuarto. Era una máquina. Te leía
la mente. Un mago, una bestia. Un animal nacido para vender. Nunca he
visto nada igual.
Capítulo
2 – La guerra de las rebajas (00:11:40 a 00:14:29)
Son las
rebajas de enero. Dos jefes de sección compiten por el puesto de jefe de
planta. El que haga más caja se hará con el puesto. He aquí uno de los
dos en acción…
(VOZ
OFF) -
Y entonces la vi. Era ella.
VENDEDOR
-
Quietos. Dejadme solo.
VENDEDOR
-
Cállate, que la vas a asustar.
(VOZ
OFF) -
Ahí estaba. Delante de mí. Paseando entre la ropa interior de señora
como un cervatillo entre la maleza. Este tipo de señoras son escasas en
este clima. Sólo ha venido a pasar la tarde. Su manera de llevar el bolso.
¿Ven? Lo está moviendo. Se ha prometido a si misma no comprar nada. Sólo
mirar. Pero en el fondo de su alma está deseando comprar. Comprar
cualquier cosa. Comprar hasta olvidar sus penas, la angustia que la come
por dentro porque pesa diez kilos de más y ya no la mira nadie y está
sola.
VENDEDOR
-
No.
CLIENTA
-
¿Qué?
VENDEDOR
-
No le conviene…
CLIENTA
-
¿Por qué?
VENDEDOR
-
Es para mujeres de más edad. Está diseñado para tapar en lugar de
realzar su figura. Usted necesitaría algo diferente.
CLIENTA
-
¿Usted cree?
VENDEDOR
-
No lo creo. Lo sé. Debería ser algo así como el envoltorio de un regalo
maravilloso. O como esos bombones a los que estamos deseando quitarles el
papel dorado para comernos lo que hay dentro.
CLIENTA
-
¡Ah!... un regalo maravilloso.
VENDEDOR
-
Ya lo sé. Lo tengo.
(Los
dos otros dependientes observan al vendedor desde lejos.)
DEPENDIENTE
JOVEN -
¿Qué hace con…?
DEPENDIENTE
CON
GAFAS
-
Cállate. Es un monstruo. Mira como la lleva. La tiene en el bote.
DEPENDIENTE
JOVEN -
Pero ¿no ves que no le va a dar tiempo? Le faltan diez minutos. Es
imposible.
CLIENTA
-
¿Qué es?
VENDEDOR
-
No, no puedo mostrárselo. Lo siento.
CLIENTA
-
Pero ¿por qué?
VENDEDOR
-
Mis jefes me matarían. Se supone que lo hemos vendido ya. Tienen que
venir a recogerlo.
CLIENTA
-
Claro, ¡qué pena! ¿no?
VENDEDOR
-
Es una clienta muy famosa… Viene todas las semanas.
CLIENTA
-
¿Quién es?
VENDEDOR
-
… No puedo. No puedo decirle nada más.
CLIENTA
-
Ay, pero por favor, dígamelo. ¿Quién es?
(El
vendedor murmura al oído de la clienta: “Isabel Adjiani”.)
CLIENTA
-
¡No!
(El
vendedor asiente con religiosidad.)
CLIENTA
-
Pero si es mucho más joven que yo
VENDEDOR
-
¿En la vida real? Se sorprendería si la viera. El secreto está en el
envoltorio. Se lo digo yo.
CLIENTA
-
¿Como los bombones?
VENDEDOR
-
Exacto. Pero a usted le quedará muchísimo mejor.
CLIENTA
-
Me está tomando el pelo.
VENDEDOR
-
¿Sabe lo que le digo? Voy a arriesgar mi empleo sólo por vérselo puesto.
CLIENTA
-
Pero si ya estaba vendido.
VENDEDOR
-
Será nuestro secreto (susurrándoselo al oído). Nadia lo sabrá nunca.
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